INTELIGENCIA

Aquel día el dueño había castigado verdaderamente al pobre asno: ¡cuántos sacos le cargó sobre el lomo!. Al atravesar un pequeño riachuelo, el asno tropezó y se cayó. Como los sacos contenían sal, gran parte de ésta se disolvió en el agua. Y cuando el patrón logró levantar al asno, éste se encontró mucho más ligero de peso que antes de la caída. A la vista de la experiencia, el asno pensó que mientras más tiempo permaneciera en el agua, menos carga soportaría. Algún tiempo después nuestro asno llevaba una carga mucho más ligera: sacos con esponjas. Y mira por dónde, también esta vez tuvo que atravesar un río. Se acordó de la vez anterior, se dejó caer en el agua y el amo no lograba levantarlo ni arreándole con la fusta. Las esponjas se empaparon de agua y el peso de la carga aumentó lo indecible. Llegó un momento en el que el asno ya no se pudo levantar y, por listo, el asno murió ahogado.

Señor Jesús: La lección de hoy nos invita a vivir con los ojos abiertos y a usar siempre la inteligencia, sin dejarnos llevar de la rutina. Dice el refrán que ningún burro tropieza dos veces en la misma piedra. Ayúdanos a usar nuestra inteligencia al máximo. Te pedimos por los que son tratados de forma inhumana y por aquéllos que tratan a las personas como si fueran burros de carga.

PADRE NUESTRO…