POR EL DESIERTO

Con frecuencia unos seres humanos pecamos de soñar despiertos, confundiendo nuestros deseos con la realidad; mientras que a otros, aunque parezca raro, las realidades nos parecen espejismos. Esto último fue lo que le costó la vida al protagonista de nuestra historia de hoy: un hombre se había perdido en el desierto. Agotadas sus provisiones de víveres y de agua, caminaba exhausto por las ardientes arenas. De repente vio ante sí un borboteo de agua. Desconsolado pensó: “No puede ser real. Tiene que ser un espejismo. A mí nunca me salen las cosas bien. Mi fantasía me viene haciendo creer como verdaderos los deseos de mi subconsciente. Delante de mí no hay agua”. Desfallecido, cayó al suelo. Poco tiempo después lo encontraron dos habitantes del desierto. Entonces ya nada pudieron hacer por él. Estaba muerto. -“Qué absurdo, qué mala suerte, dijo uno de ellos, ¡tan cerca del agua y no fue capaz de beber!. -“No, hermano, posiblemente se trataba de un hombre que vivió confundiendo la realidad con los espejismos”, sentenció el otro.

Señor Jesús: En la vida nunca son buenos los extremismos.

Ni hemos de vivir ingenuamente, ni hemos de negar el valor de los sueños, que tiran de la humanidad para engendrar progreso.

Ayúdanos a guardar ese equilibrio que se nos hace tan difícil.

Te pedimos por esas personas tan pesimistas que todo lo ven negro; y por aquellos que, por el contrario, son capaces de ver lo positivo de toda situación.