RESPETAR A TOD@S

Cuentan que un estudiante quiso, en cierta ocasión, convencer a Gandhi (el padre de la noviolencia, que fue capaz de independizar su patria, la India, sin un solo tiro) de que la opción de la noviolencia era ineficaz y no conseguía transformar la realidad. Según el joven, lo realmente decisivo era la lucha violenta entre las clases (pobres contra ricos, obreros contra empresarios, marxistas contra capitalistas…). Gandhi, tras escucharle respetuosa y atentamente, le preguntó si estaba convencido de lo que decía. El estudiante le respondió que sí, y que desde hacía veinte años venía siendo la lucha la razón de su vida. El maestro de la noviolencia le replicó: “Y lo que tú has vivido durante veinte años ¿quieres que yo lo haga mío en diez minutos? Te vendría bien, hijo, aprender a respetar a las personas y su conciencia, en lugar de pretender violentarlas con tus ideas”.

Señor Jesús: Tú no has traído más guerra que la de uno consigo mismo, para matar las malas inclinaciones y hacer crecer las buenas. Tú nos pides, además, respeto para todos los que no piensan como nosotros y una fuerte convicción en nuestra propia fe. Ayúdanos compaginar estas dos cosas: convicción propia y respeto a los otros. Te pedimos por los violentos, los fanáticos, los fundamentalistas que nos quieren igualar a todos por la fuerza.