
Abrió Noé la ventana que había hecho en el arca (…) y soltó la paloma para ver si habían menguado las aguas de la superficie terrestre (…). La paloma vino al atardecer, y he aquí que traía en el pico un ramo verde de olivo.
Dijo Dios (…): “pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la paz entre la tierra y yo”. (Gen 8,6-11;9,13)
Ayúdame, Señor, a construir la armonía entre todas las personas, como la quisiste tú desde el principio. Empezando por los más cercanos, por los de mi clase, en mi familia.
Si yo cambiara mi manera de actuar hacia los demás
los haría más felices.
Si yo deseara siempre el bienestar de los demás,
yo sería siempre más feliz.
Si yo comprendiera mis errores y defectos,
sería humilde y comprensivo con los demás.
¡Cuánto mejorarían mi hogar y mis ambientes!
Si yo cambiara el “tener más” por el “ser más”,
¡Cuánto más dichoso sería!
Si yo cambiara de “ser yo” a “ser nosotros”,
comenzaría la civilización del amor.
Si yo siguiera decidido a Jesús y su Evangelio,
comenzaría a vivir la verdadera felicidad.
Si yo amara a los demás, ellos cambiarían.
Si yo cambiara mi manera de pensar hacia los otros,
los comprendería.
Si yo aceptara a todos como son,
sufriría menos.
Si yo criticara menos y aplaudiera más,
con qué alegría los trataría.

