
Del libro de los Hechos de los Apóstoles (4,32-35)
La multitud de los cristianos tenía una sola alma y un solo corazón. No llamaban propia a ninguna de sus posesiones, sino que lo tenían todo en común. Con gran energía daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y eran muy estimados. Entre ellos no había indigentes, pues los que poseían campos o casas los vendían, llevaban el precio de la venta y lo depositaban a los pies de los apóstoles. A cada uno se le repartía según su necesidad. Un tal José, a quien los apóstoles llamaban Bernabé, que significa Consolado, de Chipre, poseía un campo: lo vendió, llevó el precio y lo depositó a los pies de los apóstoles.
Esta semana, millones y millones de cristianos de todo el mundo van a pensar y rezar sobre cómo estar más unidos. El texto que hemos escuchado es del siglo I, sobre cómo intentaban de vivir los cristianos, y cómo eran la admiración de muchos que no lo eran.
Pidamos a Dios que nos haga así de preocupados por todos, para que el mundo entero tenga a quien mirar y vaya estando cada vez más unido.
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PADRE NUESTRO…

