
Queridos amigos y amigas:
Seguro que en estos días de Navidad habréis paseado por vuestras calles, o en los centros comerciales… En algunas esquinas, arrodillados en el suelo y con un letrero mal escrito había personas que os pedían ayuda de manera angustiosa.
Os digo de verdad que no estoy muy seguro de si hay que darles alguna limosna pues tal vez ése no sea el modo de solucionar el problema. Incluso se habla de mafias que los explotan y se aprovechan de su desgracia. Os voy a contar un hecho muy sencillo.
Un grupo pasó por la calle: los soldados llevaban a un condenado a la horca.
- Este hombre era un inútil –dijo uno a su amigo-. Una vez le di una moneda de plata para ayudarlo a salir de la miseria, y fue incapaz de hacer nada notable.
- Tal vez sea un inútil, pero puede que ahora esté caminando hasta la horca por tu culpa. Es posible que utilizara el dinero que le diste para comprar un puñal, que luego terminó usando en el crimen cometido. En ese caso, tus manos también están ensangrentadas. En lugar de ayudarlo con amor y cariño, preferiste darle una limosna y evitar así cumplir tu obligación.
Con la moneda que echamos en su cajita de cartón o plástico, tal vez, se tranquiliza nuestra conciencia, pero no se soluciona nada. Seamos solidarios con amor, cariño, justicia y comprensión.
PADRE NUESTRO…

